Mujer que no fuma

TEXTO EN CONTRACUBIERTA

Son aleccionadoras las palabras y la transparencia de esta autora al decirnos en su introducción que “sólo el que sabe leer cosas buenas puede leer cosas malas”. No deja de ser una realidad. Pero en el caso de Mujer que no fuma estamos ante una obra literaria donde se destaca el talento y la originalidad creadora de Rosse Marie Caballero, quien ha dado a luz estos maravillosos cuentos en fértiles quimeras y sutil rebeldía.

No es difícil percibir que en cada relato ha puesto el corazón. Sus arterias, abiertas a las realidades y a la mejor fantasía, son ríos de pasión que corren por cada página. Canto de pájaros silvestres desde las copas más altas en los árboles del Ñancahuazú histórico, donde aún le parece que reverdecen las pupilas de una legendaria guerrillera que nunca ha muerto en su imaginación.

Mujer que no fuma es su Cochabamba querida; son sus calles, sus parques y sus travesuras de niña. Y son toda la alegría y las tristezas de Bolivia, con sus ventanas cerradas a la brisa del mar, pero abiertas de par en par a la sensibilidad humana. Y son, al mismo tiempo, situaciones humanas  universales, historias de terror, no el terror de una película del género,  sí el terror de vidas estremecedoramente solitarias y desencontradas.

Gracias por este importante aporte a la literatura latinoamericana, y por el disfrute de su amena lectura, que nos deja en deuda de gratitud permanente con la autora.

Ernesto Díaz Rodríguez

2012, Miami Florida, Usa

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