Más allá de la censura: Reseña de la infamia después del Festival Literario Internacional Santa Cruz de las Letras

Más allá de la censura:
Reseña de la infamia después del Festival Literario Internacional Santa Cruz de las Letras

Por Rosse Marie Caballero Vega*

Cronología de los hechos
Durante los días 7 y 8 de noviembre de 2014, en Santa Cruz de la Sierra se realizaba el Festival Internacional de Las letras, mientras que, en Cochabamba, casi coincidentemente se presentaba la recta final de la 8° Feria Internacional del Libro, donde la suscrita presentó su novela y no pudo presenciar el Festival, pero fuentes de información fidedignas dieron a conocer los hechos que a continuación se describen: El Festival atraería a 17 autores internacionales y 22 nacionales, entre los cuales figuraban los escritores de origen cubano William Navarrete y Wendy Guerra. Escenas de El Deber anunciaba que el principal tema en este encuentro sería la narrativa, pero no fue así. A mi entender, el principal tema del encuentro fue el descrédito internacional hacia Bolivia.
En su columna de La Razón del 9 de octubre, el escritor Homero Carvalho afirma que la idea de traer a los mencionados participantes fue de una “hermosa pareja” allegada a la APAC. El comité de organización integrado por la directora del Centro de la Cultura Plurinacional Santa Cruz, el jefe de la unidad regional – Santa Cruz del Ministerio de Culturas y Turismo, el presidente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, la presidenta de la Cámara Departamental del Libro de Santa Cruz y la presidenta de la Asociación Pro Arte y Cultura (APAC), mediaron para la instalación de la escenografía con el propósito de “construir puentes para que escritores de diversos países de Iberoamérica y de Bolivia se encuentren en la capital cruceña con el propósito de compartir sus talentos, experiencias, miradas, saberes y oficios, tanto entre ellos como con el público en general”.
Lamentablemente, y por hilos misteriosos que el destino entreteje, sabe Dios con qué intenciones, no se imaginaron que aquellos puentes serían arrastrados por caudales de lodo llevándose consigo la reputación de la gestión cultural y del propio gobierno de Bolivia, gracias a que otra hermosa pareja de autores los lapidarían, una vez abandonadas las fronteras del país, por el hecho de haber sido objeto de una “preocupación porque se salía de la temática literaria” en la conferencia Cuba por dentro y por fuera. Un periodista boliviano de la ANP reprochó ese “supuesto” acto de censura como “un mal precedente que en un espacio cultural se presione, para que no se realice una actividad programada, por diferencias políticas con los expositores”. Al respecto, Carvalho aclaró en una entrevista de prensa: “Después de hablar con ellos les dijimos que la decisión de seguir adelante o no con la actividad era suya. Finalmente, prefirieron no hacerla”. A lo cual le sucedieron una serie de críticas a favor y en contra del Evento, a través de medios de prensa y redes sociales.
Una vez lejos del país, la pareja de invitados cubanos publicó en el Blog Habáname de El Mundo de España, su denuncia contra la ciudad de Percy Fernández: Santa Cruz de los miedos, titulaba el documento. ¿Se refería la pareja al viaje a las misiones jesuíticas y el probable miedo que pudieron sentir? Veamos. El documento señala: “A Bolivia llegamos. El viaje literario y cultural se convirtió en una novela de Milán Kundera con elementos de su compatriota Kafka salpicado de una especie de surrealismo vernáculo. Dejamos de ser los creadores de este evento para convertirnos en los defensores de la sanidad y la coherencia. Me pregunto si los coordinadores bolivianos habrán entendido que allí aún no existen las condiciones requeridas para llevar a cabo un evento de esta magnitud”. Pregunto: ¿Querían ellos una París, quizá? ¿O New York? ¿Por qué hablan de “condiciones requeridas”? ¿Les falló el hotel o la sede del Festival o la ciudad entera, o el país?
El programa del Festival contemplaba que Navarrete y Carvalho compartieran la mesa Profetas Fuera de su Tierra, junto a otros autores. Por su parte, Guerra se desenvolvería en otra mesa sobre Literatura y su Relación con las Artes Visuales. No queda claro en qué momento los escritores cubanos se sintieron ambos juntos y al mismo tiempo, censurados, y tampoco queda explícita la censura y el miedo provocados por “el gobierno de Evo Morales”, puesto que seguramente el presidente habría estado ocupado en sus obligaciones propias de un mandatario de estado.
Para matizar el panorama de la presente crónica, agregamos una otra aclaración de un señor que transcribe un párrafo de los hechos: “La decisión no le gustó a Guerra, que en una breve declaración a EL DEBER, dijo que, lamentablemente, gente del Gobierno boliviano había pedido que su conferencia no se efectúe, pero no quiso dar más explicaciones y agregó que ya habrá la oportunidad de contar qué fue lo que pasó”. http://eju.tv/2014/11/carta-motivada-por-la-censura/#sthash.Yllnv521.dpuf.

Robando escenario
Poco se sabía de esos dos escritores en Bolivia, pero ya uno de ellos traía experiencias con el miedo, según se ve en su biografía: Miedo al frío, 2005. Así, ante la frase “ya habrá la oportunidad de contar qué fue lo que pasó”, declarada por Guerra, comenzamos a vislumbrar que la intención de los autores cubanos era aprovechar la oportunidad para salir a la palestra internacional, puesto que ellos mismos lo manifiestan en su testimonio de El Mundo: “Siendo cubanos vivimos en lugares diferentes. Wendy Guerra en Cuba, isla donde se le ningunea y simplemente no la dejan existir públicamente. William Navarrete en París desde hace 25 años, sin la posibilidad de publicar una línea en su país de origen”. ¡Eureka! La oportunidad y el escenario perfectos para cobrar notoriedad en un continente donde pocos los conocen, sin importar el daño que se ocasione a sus anfitriones. Sergio de la Zerda, comunicador del Diario Opinión, “en una nota muy sincera y objetiva, cuenta toda la verdad sobre el complot de los disidentes”, quienes “podían continuar y leer su ponencia aunque no fuera muy recomendable y tuviera un tinte político”.
Lo que antecede nos muestra que tal censura fue un argumento creado como ESCENARIO internacional para darse a conocer en este lado del mundo, porque incluso el escritor boliviano Paz Soldán, residente en el extranjero (y que también se vino emparejado), al aconsejar a Carvalho en una nota de prensa a “asumir la culpa en torno al burdo intento de censura a los escritores hablara de él y se echara por la borda todas las buenas cosas hechas por APAC durante el festival, como la impecable logística, el diálogo entre autores bolivianos y extranjeros, el excelente nivel de las mesas de discusión”, lo pone en duda. Si el intento de censura fue burdo ¿hubo o no hubo censura? ¿Qué significa un burdo intento? Si los autores fueron invitados en buena voluntad, porque no fue una invitación oficial, solo una decisión de amigos, ¿por qué involucran al gobierno? Como dice un comentario anónimo en Habáname: “¿Por qué darle escándalo y fama al lado del nombre de Evo Morales como si este estuviera interesado en el par de escritores?” (sic).
Hay quienes opinan que no se debe invitar a desconocidos para no llevarse sorpresas, pero toda sorpresa tiene su lado bueno. Ahora ya los conocemos, Navarrete nació en 1968 en Cuba, vive exiliado en París y tiene ciudadanía francesa. Es periodista, escritor de ensayos y novelas. Y Guerra es novelista y poetisa, nacida en Cuba y que bordea los 40 años. Entrevistó a Navarrete en París en 2011. Los autores lograron salir del anonimato difamando a la ciudad de Santa Cruz, que bien pudo tomar represalias como sucede con el caso de Oruro y Potosí, donde personas que ofenden e insultan a su capital están siendo procesadas por discriminación. Ello, por supuesto, no sucedió en este caso, porque el carisma de los ciudadanos cruceños es diferente y andan preocupados en diversos asuntos quizá de mayor trascendencia, de alguna manera acostumbrados, aunque parezca surrealista, a cierto grado de violencia verbal, auditiva y visual.
No es casual que la presente nota intitule Más allá de la censura; no pretendo esclarecer el hecho en sí, sino rescatar lo que sobrevino; tampoco justificar ni al gobierno, que tiene sus particularidades, ni a los organizadores, que reconocieron que se equivocaron al no leer el documento Cuba por dentro y por fuera con antelación. Quiero resaltar un aprendizaje, en sentido de que no todo acontecimiento pomposo es lo mejor. Que una palabra o frase mal empleada puede dañar a muchas personas y a todo un conglomerado social. Así ocurrió con la historia que se desencadenó en Santa Cruz después del Festival de las Letras, y que “parece un libreto para teatro de títeres”, según se lee en la red social del Facebook.

La Catarsis
Catarsis viene del griego y es una palabra descrita en la definición de tragedia en la Poética de Aristóteles como purificación emocional, corporal, mental y espiritual. Mediante la experiencia de la compasión y el miedo (eleos y phobos), los espectadores de la tragedia experimentarían la purificación del alma de esas pasiones. En la actualidad, catarsis se emplea para nombrar al cambio que experimenta una persona después de vivir un hecho traumático (Wikipedia).
Quizá el Festival Literario Internacional Santa Cruz de las Letras 2014 haya sido el “más importante en Bolivia, pues nunca antes se convocó a tantos narradores de Iberoamérica”, pero también fue la experiencia literaria más dolorosa que se tenga noticia. Heridas han quedado entre poetas, escritores, gestores y público en general, divididos en bandos de guerra. Si Wendy Guerra quería eso, pues lo logró. Y, como a río revuelto ganancia de pescadores, ellos intentaron desacreditar a las personas valiéndose de una serie de intrigas.
No pasó inadvertido el hecho donde se acusa deliberadamente al presidente de la fundación cultural del BCB, siendo que este manifestara que en el Festival “se trata de reflexionar sobre la idea de que la literatura es un encuentro entre el ser humano, su interioridad, la realidad y el cosmos. Cuando un escritor termina una obra, algo de la humanidad queda impresa en ella, y por eso es necesario no solamente leerla, sino también reunir a los escritores para que nos cuenten su relación entre la palabra escrita y sus universos creativos”.
Tampoco descansan lectores y críticos en las redes sociales respecto a la hiperbólica pose asumida por la pareja de escritores al hacerse víctimas de la política de Evo: “que vergüenza, de que tiene miedo evo morales????????? por que sensurar a unos disque escritors????, considerar escritores o no, es pribilegio de los lectores no del gobierno” (sic)
Mucho es lo que hemos perdido los bolivianos con ese desliz de gestión, fuera de que haya o no sido un acto de censura; las ramificaciones del problema han atrapado a más de uno entre sus garras. Recientemente, un grupo de poetas ofendidos o agraviados por algunas desafortunadas declaraciones del antes nombrado, han lanzado un manifiesto donde señalan: “El encuentro terminó de la forma más polémica salpicado de todo tipo de conjeturas, embates y reparos que tuvo que sortear su mentor, el funcionario Homero Carvalho. Obviamente este hecho desencadenó que el POETA Luis Andrade se manifieste pidiendo en forma pública explicaciones sobre lo sucedido en este encuentro entre narradores de distintos países y por el hecho de opinar, el Sr. Homero Carvalho lo descalificó de un empellón, expresando que es un ser despreciable.”
Ante el manifiesto lanzado por Facebook, se han desenmascarado bajas pasiones que habían estado ocultas en el alma de los poetas que supuestamente representan a Santa Cruz en particular y a Bolivia en general. Insultos, desaprobaciones, calumnias, afrentas, celos, envidias, mezquindades, acusaciones, todo revuelto en un mar de confusión y tragedia.
Este es el costo gratuito de animarse a hacer gestión cultural en nuestro país, de intentar construir puentes. Siempre saldrán a flote las bajas pasiones. Unos se sentirán excluidos y resentidos, mientras que otros se creerán la camisa de Tarzán por haber sido incluidos en las listas, aunque se trate de desconocidos o de parejas privilegiadas. Nadie imaginó que los gestores resultarían víctimas de su propio festival. En principio, porque se aceptó sugerencias de una hermosa pareja sin haber seleccionado previamente los textos de las conferencias; segundo, por querer contentar a todos, incluida la pareja de “divos bolivianos” que vive en el exterior, y, finalmente, por tratar de defenderse del dedo acusador.
Llovieron críticas internacionales, una tormenta infestada de noticias en cierta manera morbosas y descalificadoras; artículos, comentarios, manifiestos de escritores propios y ajenos, gente involucrada en la cultura y en la política, la mayoría en contra del “funcionario del BCB”; solo De la Zerda y Rocha Monrroy abrieron su pluma y dieron la cara para defender al afectado. ¿Dónde se ocultaron los miles de escritores que se decían amigos? ¿Sintieron miedo?
“(Un verdadero diálogo democrático donde hay réplica y dúplica se lo debe hacer con la mayor altura posible sin ofender y menoscabar a nadie)”, dicen los poetas en el manifiesto, pero a su vez se auto descalifican. Luis Feeney Carrasco nos refleja una acertada realidad del documento: “La forma en que Carvalho se refirió a Andrade fue innecesariamente torpe… y me parece que este artículo tiene la misma agresividad que se critica”.
Para concluir, deseo resaltar que lo acontecido no refleja el ser y hacer de todos los escritores bolivianos, ni siquiera del presidente de la fundación BCB, quien reconoce que su reacción fue una torpeza, y producto de la tensión de los días. Al respecto, el poeta Andrade, con base en los acontecimientos desatados, reflexiona como sigue: “Creo que este cuadro es parte de un escenario, que se diría universal, donde se advierte una crisis de valores, en este caso estéticos y éticos, el cual toma matices más graves y deprimentes en países como el nuestro, donde precisamente es notable un perfil muy bajo en cuanto a cultura literaria y general, y cultivo espiritual y ético en nuestros escritores. Más aún, me atrevo a pensar que estos hechos han sido sólo el resultado de una tensión ya preexistente que no se manifestaba, y que fue el facebook que hizo de detonante; pues, es muy fácil decir “lo que a uno le da la gana” escudado cobardemente en la distancia o el seudonimato que permiten las redes sociales”.
Somos un país emergente. Tenemos debilidades pero mayores anhelos y sueños de engrandecer y hacer conocer nuestra literatura, porque vivimos una etapa de cambios, no solo político sociales, sino epistemológicos y culturales. En este sentido, los hombres y mujeres audaces que se animan a crear desafíos, corren el riesgo de ser cuestionados y vilipendiados por marcar hitos y realizar utopías. Incluso, mi persona, como autora, asume el riesgo de que el presente análisis genere polémica y diatriba. Con valentía, y en defensa de lo que creo, escribo y cierro el presente artículo de prensa.
“El dolor no es más que el fracaso de una forma de amor y una antesala a otra forma de amar”. RMC

*La autora es escritora independiente.

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