Juanas en la literatura

Por Rossemarie Caballero

Juanas en la literatura

Cuatro escritoras que escriben literatura desde su experiencia en tiempos y espacios distantes (Siglos XVII al XX). Escritoras hispanoamericanas cuyo nombre es Juana, que significa Llena de Gracia: Juana Inés de la Cruz, Juana Manso, Juana Gorriti, Juana de Ibarbourou.

Sor Juana Inés de la Cruz

Nació en Nueva España, actual Ciudad de México, en 1651-1695. Fue monja, poeta, escritora, dramaturga, comediante, música y  compositora. Una de las escritoras más importantes del Siglo de Oro de las letras del siglo XVII  Hija ilegítima de un capitán español y de una mujer criolla, Sor Juana Inés de la Cruz fue también una firme defensora de los derechos de las mujeres y de su necesidad de acceder a la intelectualidad en igualdad de condiciones que los hombres, considerada la máxima figura femenina de las letras hispanoamericanas. La influencia del barroco español, visible en su producción lírica y dramática, no llegó a oscurecer la profunda originalidad de su obra. Su espíritu inquieto y su afán de saber la llevaron a enfrentarse con los convencionalismos de su tiempo, que no veía con buenos ojos que una mujer manifestara curiosidad intelectual e independencia de pensamiento. Para acelerar su aprendizaje entró al convento donde se dedicó al estudio, la escritura y la literatura.

Pese a la fama de que gozaba, en 1667 ingresó en un convento de las carmelitas descalzas de México y permaneció en él cuatro meses, al cabo de los cuales lo abandonó por problemas de salud. Dos años más tarde entró en un convento de la Orden de San Jerónimo, esta vez definitivamente. Dada su escasa vocación religiosa, parece que Sor Juana Inés de la Cruz prefirió el convento al matrimonio para seguir gozando de sus aficiones intelectuales: «Vivir sola… no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros», escribió.

En el claustro publicó su primer libro, el que resumía su obra poética. Murió en 1695 enferma y obligada a renunciar a sus letras. Murió mientras ayudaba a sus compañeras enfermas durante la epidemia de cólera que asoló México en el año 1695. La poesía del Barroco alcanzó con ella su momento culminante, y al mismo tiempo introdujo elementos analíticos y reflexivos que anticipaban a los poetas de la Ilustración del siglo XVIII. Sus obras completas se publicaron en España en tres volúmenes: Inundación castálida de la única poetisa, musa décima, Sor Juana Inés de la Cruz (1689), Segundo volumen de las obras de Sor Juana Inés de la Cruz (1692) y Fama y obras póstumas del Fénix de México (1700), con una biografía del jesuita P. Calleja.

La poesía de Sor Juana Inés de la Cruz

Aunque su obra parece inscribirse dentro del culteranismo de inspiración gongorina y en ocasiones en el conceptismo de Quevedo, tendencias características del barroco, el ingenio y originalidad de Sor Juana Inés de la Cruz la han colocado por encima de cualquier escuela o corriente particular. Ya desde la infancia demostró gran sensibilidad artística y una infatigable sed de conocimientos que, con el tiempo, la llevaron a emprender una aventura intelectual y artística a través de disciplinas tales como la teología, la filosofía, la astronomía, la pintura, las humanidades y, por supuesto, la literatura, que la convertirían en una de las personalidades más complejas y singulares de las letras hispanoamericanas.

Juana Paula Manso de Noronha

Nació en Buenos Aires el  26 de junio de 1819 – 24 de abril de 1875. Fue una escritora, traductora, periodista, maestra y pionera del feminismo en Argentina, Uruguay y Brasil.1​ Feminista incansable, fundadora del reconocido semanario Álbum de Señoritas, Juana Paula Manso nació en plena época de guerras revolucionarias en los territorios sudamericanos. Hija de un agrimensor español radicado en Buenos Aires en 1799, partidario de la revolución y luego fiel rivadaviano; en 1826, Juana fue inscrita en la escuela porteña para niñas de Monserrat, que regenteaba entonces la Sociedad de Beneficencia.

Entre 1852 y 1854 dirigió, en Brasil, O Jornal das Senhoras, el primer periódico de Latinoamérica destinado al público femenino. En 1854 fundó, en Buenos Aires, Álbum de Señoritas, muy similar a su contrapartida brasileña. En ambos, la temática se centraba en la moda, la literatura y el teatro.2​ A lo largo de su vida se comprometió con el proyecto ilustrado de la educación popular y está considerada una iniciadora del movimiento de coeducación.3

Escribió varios libros, entre ellos poesía, y manuales de estudio para los estudiantes; realizó varias traducciones de obras en diferentes idiomas y fue una precursora junto a otros autores de la novela en Latinoamérica. Y durante varios años escribió los Anales de la Educación Pública que había creado Sarmiento.4

Obras en orden cronológico

(1852). Álbum de Señoritas. Buenos Aires: Imprenta Americana.

—. Álbum de Señoritas. Periódico de Literatura, Modas, Bellas Artes y Teatros. Buenos Aires, enero 1 – febrero 17. (1854).

(1854). La familia del comendador. Novela original. Buenos Aires: N.p.

—. Manso, Juana P. y Lidia F. Lewkowicz. La familia del comendador. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Biblioteca Nacional (2006).

(1862). Compendio de la historia de Las Provincias Unidas del Río de la Plata: desde su descubrimiento hasta la declaración de su independencia el 9 de julio de 1816. Buenos Aires: Imprenta y Literatura a vapor de Berenheim y Boneo.

—. Compendio de la historia de Las Provincias Unidas del Rio de la Plata: desde su descubrimiento hasta el año de 1874 Buenos Aires: La Época, (1875).

(1870). Escuelas dominicales (de la comunidad americana). Buenos Aires.

(1924). Manso, de Noronha Juana Paula, y Múñiz R. I. López. Los misterios del Plata… edición prologada y corregida por D. Ricardo Isidro López Múñiz. Buenos Aires.

—. Los misterios del Plata: episodios históricos de la época de Rosas, escritos en 1846. Pról. Mercedes Araujo. Colección Las Antiguas. Córdoba: Buena Vista Editores, (2006).

Ejerció varios cargos docentes, tanto en forma privada como pública, en Uruguay y Argentina; fue integrante del Consejo Nacional de Educación argentino, y dio varias conferencias sobre la temática en diferentes lugares. Además junto a otros educadores estableció la sociedad Pestalozzi en Argentina. Ejerció en la misma época que Domingo Faustino Sarmiento con quién se interrelacionó ampliamente, y además ambos se interrelacionaron con la educadora norteamericana Mary Mann.567

Como homenaje a su persona varias calles, incluida una en Puerto Madero, Buenos Aires, y diferentes escuelas de ciudades de Argentina llevan su nombre. Además se realizaron varios certámenes, tanto de literatura como de periodismo, que llevaron su nombre.

“Quiero probar que la inteligencia de la mujer, lejos de ser un absurdo o un defecto, un crimen o un desatino, es su mejor adorno, es la verdadera fuente de su virtud y de la felicidad doméstica. La sociedad es el hombre: él solo ha escrito las leyes de los pueblos,  sus códigos; por consiguiente, ha reservado toda la supremacía para sí; el círculo que traza en derredor de la mujer es estrecho inultrapasable (sic), lo que en ella clasifica de crimen, en él lo atribuye a la debilidad humana; de manera que, aislada la mujer en medio de su propia familia, de aquella de que dios la hizo parte integrante, segregada de todas las cuestiones vitales de la  humanidad por considerarse la fracción más débil, son con todo obligadas a ser ellas las fuertes y ellos en punto a tentaciones, son la fragilidad individualizada en el hombre.”
Juana Manso
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

Juana Manuela Gorriti

Nació el 15 de junio de 1819 en la provincia de Salta (Argentina). Falleció en Buenos Aires el 6 de noviembre de 1892.

Hija del militar y gobernante, José Ignacio Gorriti, sobrina del guerrillero Pachi Gorriti y del sacerdote doctor Juan Ignacio Gorriti.

Cursó estudios en un principio en el convento de las monjas Salesas de su provincia natal, y pasó luego a La Paz, donde contrajo matrimonio con Manuel Isidoro Belzú, caudillo militar de Bolivia que llegó a ser presidente del país y murió asesinado a raíz de una de las tantas revoluciones que dirigiera.

Tuvo que marchar a Lima con sus hijos y se dedica a la enseñanza hasta que logró labrarse cierta posición.

Su popularidad aumenta cuando en 1866 se presta a cuidar a los heridos en el sitio de Callao, bajo la dirección del general Prado. En esta ciudad alterna tanto actividades literarias, como docentes y sociales.

Su relato La Quena, se publica en 1848. Otros títulos, como Sueños y realidades (1875), Don Dionisio Puch (1869), Panoramas de la vida (1876), Misceláneas (1878), La tierra natal, Perfiles (1892) y Veladas literarias de Lima (1892), integran su extensa producción.

Se trasladó a Buenos Aires en 1884 donde falleció el 6 de noviembre de 1892



Cuentos

Quien escucha su mal oye
Una apuesta
El lucero del manantial
La hija del mazorquero
La Hija del Silencio

Novelas

La guerra
El guante negro
Album de un peregrino
La hija del mazorquero
El pozo del Yocci
La tierra natal
Oasis en la vida

Otras obras

Un drama de 15 minutos
El postrer mandato
Un viaje aciago
Una querella
Belzú
Los mellizos del Illimani
Una visita al manicomio

La ciudad de los contrastes
Escenas de Lima
Camila O’GormanLa cocina ecléctica
Sueños y realidades
Peregrinaciones de una alma triste
Feliza

Juana de Ibarbourou

Nació en Melo, 8 de marzo de 1892 y falleció en Montevideo, 15 de julio de 1979.

Del matrimonio entre el español Vicente Fernández y la señora Valentina Morales, el 8 de Marzo del año 1892, nació en Melo la poetisa, también conocida como Juana de América. Su verdadero nombre era Juana Fernández Morales, pero a los 20 años se casó con el capitán Lucas Ibarbourou, y a partir de entonces llevó el apellido de su marido.

Vivió en su ciudad natal hasta los 18 años, y fue allí donde comenzó a escribir. En su libro Chico Carlo refleja sus vivencias de la niñez. Actualmente, su casa del Departamento de Cerro Largo funciona como museo. Luego se mudó a la cuidad Montevideo, a una casa ubicada en Asilo, entre las calles Pernas y Comercio, donde vivió durante tres años.

La adaptación al ruido y al estilo de vida acelerado de la capital uruguaya fue una transición muy penosa. Con el paso del tiempo llegó a enamorarse de la ciudad, y en ella se inspiró para escribir sus tres primeros libros: Las Lenguas de Diamante, El Cántaro Freso y Raíz Salvaje.

Su vida

Pero no fue solo su obra literaria la causa de su fama. Juana de Ibarbourou poseía una belleza cautivadora y fue deseada por muchos hombres. En la época era objeto de envidias y todos pensaban que con su belleza, la fortuna de su esposo, su fama como escritora y una familia constituida, la felicidad de la poetisa estaba garantizada.

Cualquiera podía pensar que había llegado a su plenitud y conocido la felicidad. Pero sin embargo, su vida resultó ser un calvario. Luego se supo que fue víctima de la violencia de su marido y de su hijo.

Su marido gastaba su dinero en lujos, que para Juana no tenían sentido. Comenzó a construir una mansión en Pocitos. Vivían en ambientes con grandes dimensiones, decorados con lo último en estilos de la época, materiales de primera calidad y revestimientos en cedro. En esa casa no existía rincón que no resultara ostentoso.

Juana de Ibarbourou, sumida en la tristeza, comenzó a inyectarse pequeñas dosis de morfina. En esa época la morfina se compraba sin ningún tipo de restricción, la empleada de la casa se encargaba de comprarla en la farmacia. Todo el reconocimiento como escritora lo obtuvo antes de sus 30 años. El resto de su vida lo pasó encerrada en su casa, observando el mundo a través de la ventana.

Finalmente la familia se enteró de la adicción de Juana. Tras consumir una dosis alta de morfina, se desmayó y casi sin pulso fue hospitalizada. Los mejores años de su vida los vivió en una pequeña casa en la esquina de Comercio (actual Solano López) y Mahoma.

Durante los años que vivió en Buceo se la vio pocas veces. Los vecinos que hace años viven allí, recuerdan que ocasionalmente salía sola por la noche a dar paseos por la rambla, en bata de dormir, pero siempre maquillada y con un porte muy especial.

Al periodista Diego Fischer siempre le intrigó la vida de la poetisa, pero su curiosidad se acrecentó más, luego que llegara a sus manos una carta de Juana dirigida a un médico, dónde revelaba su romance prohibido con un hombre casado con hijos y 20 años menor.

En ese momento decidió escribir sobre su biografía, recopilando testimonios de allegados, amigos que conocieron de cerca todas sus penurias. El libro se llama Al Encuentro de Las Tres Marías y hoy es la única biografía escrita dedicada a la poetisa.

En 1929, en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, con la presencia de grandes personalidades, fue nombrada Juana de América. El Dr. Juan Zorrilla de San Martín le entregó personalmente un anillo, que en forma simbólica representaba su casamiento con América. Juana de Ibarbourou tuvo un puesto destacado en la Academia Nacional de Letras, presidió la Sociedad Uruguaya de Escritores y obtuvo el Gran Premio Nacional de Literatura.

Sus obras trascendieron fronteras. En 1950 se publicaron sus obras completas en Madrid, incluyendo dos libros hasta el momento inéditos: Dualismo  y Mensaje del Escriba. Fue premiada en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid.

En las bibliotecas de las universidades de Stanford y Harvard se encuentran sus obras y hasta el día de hoy están incluidas en los planes de estudio. El día de su muerte se declaró duelo nacional y su velatorio tuvo lugar en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. Hoy su retrato circula en los billetes uruguayos de mil pesos.

No olvidemos a esta poeta uruguaya que escribió los versos de su famoso poemario Lenguas de Diamante bajo el seudónimo de Juanita de Ybar.

Aquí tenemos su poema:

Bajo la lluvia

¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda,
y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve,
y voy, senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante,
sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar.

Un pájaro se baña
en una charca turbia. Mi presencia le extraña,
se detiene… me mira… nos sentimos amigos…
¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!
Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada al hombro
y la lluvia me cubre de todas las fragancias
de los setos de octubre.
Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado
como un maravilloso y estupendo tocado
de gotas cristalinas, de flores deshojadas
que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.
Y siento, en la vacuidad
del cerebro sin sueño, la voluptuosidad
del placer infinito, dulce y desconocido,
de un minuto de olvido.
Llueve, llueve, llueve,
y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.

*Fuente: Internet. Compilación por la autora para Programa radial “A Cierta Hora”, Buenos Aires, 2018

Rossemarie Caballero Vega. Novelista y poeta boliviana. Docente de Literatura, Educación y Lenguas. Viajó a Madrid con una beca sobre Investigación y Literatura. Autora de artículos, ensayos y más de una docena de libros, Desde 2016 publica también en Buenos Aires donde su literatura tiene buena crítica. Gestora y directora del Proyecto EC-B que rescata la escritura de mujeres bolivianas en antologías y redes sociales.

Prosa poética y Narrativa

Literatura de la autora Rossemarie Caballero escrita y publicada en la primera década del siglo XXI

PROSA POÉTICA

1

El olor de las guayabas en las tardes de verano se asemeja al perfume de tu sombra cuando caminas entre otras sombras. Una tarde clandestina, le robamos al recuerdo un breve instante y quedamos atrapados en el reflejo de nuestros ojos al mirarnos y decirnos “hasta pronto, uno de estos días te llamo”…

Ese olor no lo he olvidado. Tú pendías de la luna como un racimo de uvas jugosas y yo sin poderte alcanzar. ¿Acaso tú no habías percibido en aquel tiempo mi rubor? ¿Acaso fuimos muy solos cada uno en su camino para nuestros nombres no aprender?

El olor de las guayabas, el perfume de tu sombra… apenas imagino el sabor de aquellas uvas coloradas en tus labios, la belleza de tu cuerpo cuando suave desplazabas el balón con tus dos piernas y una gota de sudor resbalaba tus mejillas en la cancha de football.

Suavemente desplazabas los verdes campos, los vivas, las soleadas fiestas de domingo entre gritos y aplausos, y yo apenas adolescente que miraba con ternura desde duras graderías tu triunfar.

La belleza de tu cuerpo… el perfume de tu sombra, mas no he visto todavía la luz que habrá en tus ojos, cuando noche en solitario tal vez digas un poquito de lo que sientes por mí.

(Prosa poética, Antología de Poesía amorosa, compilador Santiago Risso, 2005)

2

Se busca una costra, la costra que cayó de mi piel, la costra que cayó de mi cuerpo, la costra que mi alma derramó, la costra que en forma de lágrimas cayó hasta tu sombra, esa costra que no pudo ser hallada, esa costra que derramé y busqué y la sigo buscando, ¿alguien podría por ventura tenerla? Tal vez, entre los ojos de alguien se perdió, entre los poros de alguna piel. Se busca desesperadamente una costra esencial, una costra astral, una costra no vanal, una costra conciencial, mi costra fundamental, costra venal, costra letal, costra abismal, costra animal, costra otoñal, costra vegetal, mineral, costra vocal, costra salival, costra argumental, costra ocupacional, pasional, medicinal, costra funcional, lacrimal, dental, endometral, opcional, integral, emocional, sideral, normal, esquimal, actual, monumental, longitudinal, ambiental, pequeña costra elemental.

(Prosa poética, Antología de Poesía amorosa, compilador Santiago Risso, 2005)

CUENTO

CAFÉ CONCERT

Tal vez no baste con decir que lo vi apoyado sobre su mano pensativa, embutido en un traje de cuero negro: chamarra, pantalones, botas. Un cinturón también de cuero negro y sus espejuelos de intelectual. Allí, en un rincón del iluminado café de la high. Su mirada atravesó mi alma y me descubrió. Entonces iniciamos un juego sutilmente erótico de idas y venidas. Él me miraba y yo me escondía, yo le miraba y él me miraba, vestida con un cisne negro me escondía nuevamente de sus ojos. Ésos que se clavaban en los míos por apenas instantes, apenas segundos antes de que otros nos descubrieran in fraganti. Sentí las frías cerezas rojas resbalar por mis labios y su mirada ardiente. Pero, salí.

Salí de aquel fuego que me quemaba y corrí hasta el prado fresco bordeado de álamos cuajados de rocío. El verano estaba en su grado más húmedo. La lluvia caía y mojaba mis mejillas aún cálidas y enrojecidas. Entonces pensé que nunca lo volvería a ver. No sabía su nombre, ni su apellido, ni su número de teléfono. Si trabajaba o no, ni dónde vivía, o si era de aquí o de allá o de dónde. Su mirada se había quedado en mi piel y me entibiaba. No sentía frío, sólo un leve temblor.

Volví. Él todavía permanecía sentado junto a su pareja en la misma mesa. Anoté mi número de portable en un pedazo de papel y mientras pensaba cómo hacérselo llegar de incógnito, él descendió por la escalera y pasó junto a mí sin verme, pegado a la mujer que dentro de un abrigo de terciopelo negro semejaba un durazno macabro. Se fueron. Todavía intenté pensar cómo hacerle llegar el papelito con mi número, pero me contuve. Lo vi alejarse y sospeché que lo perdería sin haberlo encontrado. Caminé un poco. Tomé un taxi y enderecé hacia donde ellos iban.

Nadie.

Estrujé el papelito y lo tiré al fondo de mi bolso. Allí donde terminan los sueños. Llegué a casa y transcribí la historia para que al menos este suspiro perdure en el tiempo.

(Del libro Enigmas de la esfinge y otros relatos, 2007)

ANGEL DEL PUEBLO

Cuando desperté miré en derredor y me pregunté si un día cambiaría la situación. Nací en un pueblo pequeño, allá en un lejano valle de Bolivia. Mamá era demasiado joven como para comprender su rol de madre en esta tierra. Papá estaba más o menos igual. A sus casi ochenta años papá se fue a descansar „al frente‟. Su mayor espera era “irse a descansar al frente”, al cementerio de la zona donde ellos vivían.

Soy el mayor de nueve hermanos. Dos de ellos me anticiparon y se fueron al infinito, allá donde no se sabe cuándo o dónde empieza o acaba algo. Tuve cinco hijos; uno de ellos, el menor, también me anticipó, apenas después de nacido. Entre papá, mis hermanos y mi hijo, ya van cuatro a quienes enterré, sin contar a los abuelos materno y paterno, y a las abuelas materna y paterna, ¡ah!, y a mi suegra. Yo cuidé de ella hasta su muerte, desde el día en que me junté con su hija, y más, desde el día que a su hija le dio por irse del país a realizar quien sabe qué sueño.

Como les decía, desperté, aquella mañana de mi infancia, en el pueblo que me vio nacer, Madre me ordenó ir a buscar a la oveja que se había descarriado en la hoyada. Bajé. Busqué, “no vuelvas sin encontrarla”, me dijo. Se acercaba la noche. Temblé. Madre era de esas mujeres gobernadoras del hogar, nada estaba bien hecho sin su consentimiento, Padre no opinaba, padre bebía.

En el pueblo que me vio nacer no había luz eléctrica, solo la luz titilante de las estrellas iluminaba el largo y empinado sendero que conducía a casa. Padre a esta hora estaría durmiendo y Madre esperándome apeada en la roca junto al viejo portón, con un látigo en la mano. Abuela solía sentarse en el día sobre esa piedra para observar con mirada detectivesca a quien osara transitar por su vereda.

De pronto, una zarza ardiendo en medio del sendero. Temblé de nuevo. Un hombrecillo delgado y avejentado, con la barba crecida se me apareció. ¿Quién eres?, le dije en lengua nativa, pi kanki, pi kankiri? Una mirada fulminante de odio se posó en mi individualidad y comprendí lo inevitable.

Cuando llegué a casa, oí desde el umbral de la puerta a Madre amenazar siempre que no cumplíamos sus mandatos, „manachu oveja, lloqalla?‟ No madre, no hay la oveja. Temblando, me le acerqué buscando su abrigo. Ella reiteró la amenaza „no me hagas renegar, lloqalla, ¿dónde está la oveja?‟ Supayllata rikuni, mamay (solo vi al demonio, mamá), insinué, pero ella no me prestó atención. No sirve para nada este lloqalla, repetía y se acostó furiosa, con la intención de madrugar en pos de la extraviada. Padre, naturalmente, dormía.

En mi naufragar por este mundo hostil e indiferente, tropecé con aventuras citadinas. Una mujer, dos mujeres, tres mujeres, se atravesaron en mi camino. Una desapareció sin rastro, la otra parió hijos e hijas, la otra también parió. Tres cruces clavadas en mi mente. Tres estrellas del sur. Tres dueñas de mi vida a su antojo. Ah, olvidaba a mi otra dueña, Madre, ella dueña del bien y del mal, me eligió esposa, eligió mi destino y eligió la manera de inutilizarme.

“No vuelvas si no la encuentras”, me dijo cuando perdí mi bicicleta Hércules. No volví, el temor al garrote pudo más y me quedé en los brazos de una mujer madura, experta en las artes del amor. Me atrapó en su telaraña y me perdió. Digo me perdió porque en plena adolescencia aprendí que la vida era hostil y para divertirse había que beber. Bebía para olvidar, bebía para
recordar, bebía para celebrar y bebía para lamentar. Cuando Madre me encontró ya era tarde. „Te dije que esa mujer no te convenía‟, me gritaba.

El tiempo de estudiar había pasado y tuve que comenzar a trabajar. Encontré mil oficios pero en ninguno permanecí. El magro salario no satisfacía a la mujer madura, y optó por buscar otros amantes. Madre me cobijó. Me buscó esposa, “pero no para que tengas tantas crías”, me decía. La esposa me abandonó. Llegó otra y también me abandonó, dejando a su madre, mi suegra, en su reemplazo: “Para cuidar a tus hijos”, se justificó. Cuando la suegra abandonó este mundo volví a quedar solo. “Aquel demonio que encontraste en el pueblo es signo de mala suerte”, decía Madre.

Entonces comenzó mi venganza. Madre tenía la culpa de mi destino y se tuvo que encargar de mí. Me alimentó, me bañó, me acicaló. Visto que Madre había perdido sus fuerzas de antaño, ya no era mi dueña, era mi esclava, y la enfrenté, la maltraté, la golpeé, le robé su dinero, la enfermé, la maté literalmente de rabia y sobresaltos. Madre murió.

Ahora, despierto, miro alrededor y me pregunto si un día cambiará mi situación.

(Del libro Los vagidos del gato, 2009)

FUNCIONARIO PÚBLICO EN FONDO GRIS

Te vi corriendo (por) las avenidas… ávido de llegar puntualmente a tu cita con los implacables relojes de tu oficina.

¿Sabes?

Implacables, intolerables, inalterables minuteros en los relojes marchitos por los años; corroídos y entumecidos minuteros activos a fuerza de baterías artificiales.

Te seguí.

Pasillos estrechos y polvorientos te esperaban, escondidos del sol y de la luna; largos pasillos sombríos, lengüetas de zapatos envejecidos, amenazas de jefes también envejecidos. No dijiste nada.

No me viste.

Apenas terminando de marcar tarjeta respiraste abandonado, pausadamente, inhalaste, exhalaste, tres veces, blandiendo el estómago. Fue una tarde agotadora, como tantas, como siempre, como toda tu vida entre máquinas antiguas de escribir, u ordenadores que regularmente no funcionan. Como tantas tardes y mañanas subiendo escaleras de piedra enceguecida, de piedra que no ve ni sufre las pisadas de mucho haberlas sentido. Tantas mañanas frías y tardes de salario reducido, de café en las esquinas y cigarrillos prestados.

Te vi, como antes, como siempre, como un triste suspiro de aire, encallado en la boca del tiempo.

(Del libro Enigmas de la esfinge y otros relatos, 2007 )

Rossemarie Caballero Vega, Cochabamba- Bolivia. Novelita y poeta. Gestora de Proyecto EC-B, Proyecto Colección WWW & WYW (2020).

Covid-19 Reporte Personal

Toda la información en la página https://rosemariecaballero.com/covid-19/

Desde el 1 de abril de 2020 hasta la fecha. Un reporte personal de la autora para registrar eventos de la pandemia que lastima a la población mundial. Datos, Fotos, Videos, Impresiones, Literatura.

VER TODA LA INFORMACIÓN EN

https://rosemariecaballero.com/covid-19/

Extracto

DE FECHA JUEVES 05 DE JUNIO DE 2020

El número de infectados sobrepasa los 12.245 casos de Covid- 19, con 607 nuevos casos en un día, hay 415 en total hasta la fecha de decesos en la república. En Santa Cruz se dieron 315 (51,8%) con la que la cifra de contagios llegó de 7.952. En total 192 personas perderon la vida hasta la fecha y 1185 se recuperaron. El segundo departamento es Beni con 176 casos con lo que llegó a 2278. Total 109 fallecidos y 14 recupeados.

En Cochabamba, 47 nuevos casos, fallecieron 49 en total hasta la fecha. La Paz, 26, nuevos casos, fallecidos en total 36. Potosí 21 nuevos casos, 3 fallecidos. Oruro16 nuevos casos, fallecidos 18. Tarija 4 nuevos casos, fallecidos 4. Chuquisaca 1, fallecidos en total 2. Pando 0 nuevos, 23 contagios en total, 2 decesos y 11 recuperados.

Video sobre un espacio especial en Santa Cruz de la Sierra, mayo de 2020


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Un parque.
Me estremezco. Un parque solitario. Baldosas de barro cocido superpuestas en el suelo. Palmeras  de altas sonrisas parecen bailar al compás de la brisa de otoño. Un par de airosos jacarandás flamean sus flores violetas al tiempo que una lluvia de mariposas desciende en zigzag hasta la corola de una margarita. Bajo el cielo nublado de la ciudad se confinan las almas obedientes de las normas. Las que no pueden o no quieren obedecer se trenzan en el tumulto infectado del coronavirus. Un cucarachero parece posarse en la rama endeble del jazmín de seto.
En el murmullo de ese entramado el lobo espera a la Caperucita. Un lobo clandestino desde su vagoneta ha espiado el paso infantil de una criatura haciendo mandados. Agazapado entre parabrisas oscuros, gorra, barbijo y gafas grises dentro de una Vitara blanca, que hace juego con el color intenso de las margaritas, el lobo espera. De roja capa la nena avanza cargando una cesta para mamá. Ha ido a comprar frutas y panes en plena pandemia. El lobo se esconde detrás del tronco de un árbol dos minutos antes de que la nena empalmara hacia el sendero embaldosado del parque.
El sol ya no brilla, las sonrisas del parque han trocado en gritos de horror.
La cesta en el piso de arcilla y una rama de jazmín quebrada despiden el aroma frágil de la capuchita roja mientras un hilo de sangre chorrea de la portezuela desencajada del vehículo.
Anochece y una madre angustiada no ha podido irse a dormir buscando a su hija.
Santa Cruz de la Sierra, abril de 2020 * Rossemarie Caballero, escritora boliviana.

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